Triumph Thruxton 400 – Café Racer actual

La nueva Triumph Thruxton 400 supone el regreso de uno de los nombres más emblemáticos de la marca británica. Y lo hace siguiendo una fórmula que tiene mucho sentido: mantener toda la esencia café racer que hizo famosa a la Thruxton, pero llevándola a una cilindrada más accesible y apta para el carnet A2.

Lo primero que llama la atención es que no se trata simplemente de una Speed 400 con un carenado diferente. Triumph ha trabajado para darle una personalidad propia. Los semimanillares, la tapa de colín, el pequeño carenado frontal y una ergonomía más deportiva consiguen que la moto transmita una sensación muy distinta desde el primer vistazo.

Tiene ese aire clásico que todos asociamos a las café racer, pero sin caer en excesos retro. Se nota moderna, bien proporcionada y con una imagen que recuerda claramente a las históricas Thruxton que han formado parte de la gama Triumph durante años.

Pero lo interesante empieza cuando te fijas en la parte técnica.

Bajo esa estética encontramos el renovado monocilíndrico TR-Series de 398 cc, que ahora desarrolla 42 CV, un 5% más de potencia que la anterior generación. Además, sube más de vueltas y ofrece una respuesta más viva en la zona alta del cuentavueltas, algo que encaja perfectamente con el carácter deportivo que busca esta versión.

Lo mejor es que sigue manteniendo una entrega muy aprovechable a medio régimen. No es una moto que obligue a exprimir el motor constantemente para disfrutar. Tiene suficiente par para moverse con soltura en cualquier situación y una respuesta muy agradable para carretera.

La posición de conducción también cambia respecto a la Speed 400. Los semimanillares sitúan el cuerpo más inclinado hacia delante y las estriberas van más retrasadas, creando una postura más deportiva pero sin llegar a resultar incómoda. Es una moto que invita a disfrutar de una carretera de curvas, pero que sigue siendo perfectamente utilizable en el día a día.

La parte ciclo acompaña esa filosofía. La horquilla invertida de 43 mm y el amortiguador trasero ajustable ofrecen un comportamiento firme y preciso, mientras que los neumáticos Pirelli Diablo Rosso IV aportan un extra de agarre y confianza cuando el ritmo aumenta.

Y luego están esos detalles que marcan la diferencia en una Triumph. La calidad de acabados, las aletas mecanizadas del motor, la pintura o la integración de todos los componentes hacen que la moto transmita una sensación premium poco habitual en esta cilindrada.

Lo que más me gusta de esta Thruxton 400 es que no intenta ser una réplica de las café racer del pasado. Mantiene el espíritu, pero adaptado a lo que busca hoy un motorista que quiere una moto atractiva, divertida y fácil de disfrutar.

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¿Te quedas con el estilo café racer de la Thruxton 400 o prefieres la Tracker 400?

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