BMW M 1000 XR Única en su especie

La BMW M1000XR es una de esas motos que cuesta explicar hasta que la pruebas. Porque sobre el papel parece una mezcla imposible: postura cómoda, capacidad para viajar y un motor de auténtica superbike. Pero lo sorprendente es que todo funciona muchísimo mejor de lo que imaginas.

La base ya deja claras sus intenciones. Utiliza el cuatro cilindros derivado de la S1000RR, un motor de 999 cc capaz de superar los 200 CV. Y sí, las cifras impresionan, pero lo que realmente marca la diferencia es cómo entrega esa potencia.

Empuja con una rabia increíble arriba, como esperas en una moto con ADN deportivo, pero también tiene una respuesta muy aprovechable en medios. No es una moto que te obligue a ir siempre al límite para disfrutarla. Puede rodar tranquila… aunque claramente no ha nacido para eso.

En aceleración es una auténtica locura. Sales de una curva, abres gas y la forma en la que gana velocidad no parece propia de una crossover. Hay momentos en los que simplemente cuesta creer lo rápido que va todo.

Y aun así, lo más impresionante probablemente sea lo fácil que resulta llevarla rápido.

La electrónica tiene mucho mérito aquí. Control de tracción, antiwheelie, modos de conducción, suspensiones electrónicas… todo trabaja constantemente para que la moto siga siendo utilizable incluso con semejante nivel de prestaciones.

La parte ciclo también está muy conseguida. Es firme, precisa y transmite mucha confianza cuando empiezas a enlazar curvas rápido. Cambia de dirección mejor de lo que esperas en una moto de este tamaño y mantiene una estabilidad brutal cuando el ritmo sube.

Luego está la ergonomía, que es otra de las claves de esta moto. Porque, pese a todo lo que corre, sigue teniendo una postura relativamente cómoda. Vas más erguido que en una superbike, con mejor visibilidad y una sensación de control muy distinta. Eso hace que puedas hacer muchos kilómetros sin acabar destrozado.

Y ahí está precisamente la gracia de la M1000XR. No es solo una moto rápida. Es una moto rapidísima… que además sirve para viajar.

La protección aerodinámica funciona bien, el equipamiento es completísimo y la sensación general es la de una moto hecha para recorrer grandes distancias a velocidades absurdamente altas con total facilidad.

Pero también tiene carácter. Mucho carácter.

El sonido, la forma en la que sube de vueltas, cómo empuja cuando entras en la zona alta del cuentavueltas… todo te recuerda constantemente que debajo de esa carrocería hay una moto con mucho ADN de circuito.

La BMW M1000XR no es una moto lógica. Y seguramente tampoco pretende serlo.

Es una moto exagerada, excesiva y tremendamente eficaz. Una de esas motos que te hacen replantearte dónde están realmente los límites entre una deportiva y una touring.

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